

Estos son dos de los cuatro crismas que he preparado para Ingenierías Sin Fronteras.
Hay campos en los que nos sentimos más seguros y en los que afrontamos un nuevo encargo con seguridad, además de con ganas. Enseguida surge alguna idea que empezar a desarrollar.
Del mismo modo hay encargos que se nos hacen especialmente complicados. Para mi los crismas, o felicitaciones de Navidad, han sido un claro ejemplo de esta segunda situación.
He tenido que hacer a lo largo de mi carrera profesional un pequeño puñado de ellos... y hasta el año pasado esto había constituido siempre un compromiso engorroso.
Hay trabajos en los que nuestra imaginación encalla y todo lo que se nos ocurre vienen a ser clichés. Por regla general los crismas que podemos encontrar por ahí suelen recurrir a unos cuantos elementos comunes tratados con mayor o menor acierto. Pero no destacan desde luego por ofrecer una visión fresca. Esto que aquí comento es una impresión muy personal y estoy seguro que hay muchas y notables excepciones, pero no son las que suelen llegar a nuestras casas y oficinas.
El año pasado con este crisma, de alguna manera cambió mi manera de enfrentarme a este reto.
De la pereza y la obligación, he pasado a disfrutar de estos encargos. Este año para ISF he preparado cuatro modelos de felicitación y me he sentido a gusto trabajando en ello.
¿Como se produce un cambio así? Desde luego es interesante detenerse y tratar de analizar esto, ¿Qué he cambiado en mi manera de enfrentarlo?

