Me gustaría hacer de esta entrada una felicitación de Navidad... pero siento que no me gustaría quedarme ahí y quiero compartir algo más.
En estas fechas parece una necesidad o incluso una obligación enviar un correo, hacer una llamada de teléfono, reunirnos en familia y entre tanto hacer como si las dificultades no estuvieran ahí; tenemos la tentación de perder la objetividad pensando que el año próximo las dificultades van a disolverse y desaparecer. En estos momentos en que, nos haya tocado más o menos directamente, todos hemos asumido que estamos viviendo tiempos de una crisis económica profunda. Nada nos garantiza que el próximo año las dificultades vayan a ser menores y vaya a haber una recuperación durante 2012.
Las personas en ocasiones reaccionamos de dos manera opuestas; en ocasiones podemos culpabilizarnos y adoptar actitudes derrotistas. Sentir frustración o ira hacia los demás o hacia nosotros mismos. En el otro extremo, nos cargarnos de intenciones poco realistas y pensamos de manera un tanto infantil que a partir del día 1 de enero vamos a cambiar todos nuestro hábitos vitales.
Abrirnos a los demás
Las dificultades nuevas pueden provocar una reacción natural de temor y propiciar que nos encerremos en nosotros mismos con nuestros problemas. El mejor antídoto es abrirnos a los demás. Podemos cuidar lo que decimos (cómo, cuándo y por qué) mientras estamos abiertos y sensibles a lo que otros están sintiendo. Quizá podamos pensar que no podemos ayudar mucho pero escuchar sin espíritu de crítica y con el corazón abierto es ya en si mismo una forma de ayudar y sanar a los demás. Abrirnos sin temor a los demás nos facilita salir de nuestro pequeño mundo de preocupaciones egoístas.


